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A la luz de la luna todo en el cuarto de Maddie parece ser suave. Las líneas de su escritorio y silla y estante habían desaparecido, una forma derritiéndose a la otra. Incluso sus libros se había a los hombros; no había bastante luz para nombrarlos.

“¿Qué quieres aprender ahora, Bella?” preguntó Maddie.

Como siempre, al oír el sonido de la voz de Maddie, Bella maulla. Maddie no quiere reírse de Bella- ya sabe lo que se siente cuando se ríen de ti- pero es demasiado gracioso verla maullar. Las mandíbulas de Bella se abren tanto que Maddie puede ver su lengua pequeña y rosita. Y ese sonido no suena tanto como un gato, más bien se parece a alguien intentando actuar como un gato: MEEOWW.

Maddie acaricia la cabeza de Bella. “Tal vez puedas aprender a hablar.”

Maddie sabe que nunca podría pasar. Aunque Bella quisiera hablar, no podría. Su boca no tiene la forma adecuada para hacer los sonidos que hace la gente. Pero no pasa nada.
Bella le entiende, y ella entiende a Bella.
Tal vez Bella podría aprender a leer las palabras en un libro. Maddie le podría enseñar eso.

La idea hace que Maddie se deslice de la cama de repente hacia la caja en el armario donde guarda sus libros antiguos, los infantiles con páginas de cartulina gorda y letras grandes y dibujos con colores brillantes.

Fue entonces cuando Maddie oye el ruido.