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Maddie, va a una escuela en la cual todo mundo es un extraño. Maddie está rodeada de gente que todo el tiempo tratan de que ella hable. Maddie está obligada a ir con un uniforme que tiene unos calcetines que pican. Esas son las imágenes que siempre rondan por mi cabeza.

Tengo que poner fin a ésto. . Sin que me de tiempo para pensar, abro la puerta de la oficina y camino en línea recta hacia el centro de la habitación.

Papá y mamá me miran asustados con sus ojos bien abiertos.

"¡Sadina!" Grita papá. "¿Qué estás haciendo aquí abajo?"

Mamá tiene algo en su mano, sin apartar sus ojos de mí, ella se atasca
en el cajón superior de su escritorio y cierra el cierre del cajón.

"¡Ustedes no pueden enviar a Maddie lejos!" Supuestamente las palabras tenían que salir fuertes y en tono molesto, pero mi tono de voz salió débil.

"¿Enviar a Maddie lejos? Dice papá. "¿De qué estás hablando?"