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Así está la cosa con Maddie: yo siempre se cuándo ella está cerca de mí, pero esto no sucede por el sonido de su voz. En un lugar como este-en un lugar con gente alrededor, me refiero- ella no habla del todo. Sin embargo, lo que se puede escuchar de ella son sus pasos detrás de mí con sus zapatillas color rosa. Oler el dulce aroma de caramelo de su champú, sentir la punta de sus dedos contra la palma de mi mano, aunque dice ella, que ella ya está muy vieja para tomarse de las manos.

En estos momentos mis sentidos me han defraudado. Creo que ella está en alguna parte de la tienda cerca de mí pero me tomará alrededor de veinte segundos para darme cuenta de ella del todo no está por aquí.
Río debió de haber visto algo en mi cara. El estaba a mi lado exactamente en el lugar que se esperaba que Maddie estuviera. ¿Qué pasa? Pregunta él, ya que se percata que mi pequeña hermana no está donde se supone que debería de estar. Yo debería de seguir la primera recomendación que me han hecho en caso de una emergencia. Plan A: si Maddie desaparece, tire la cuerda para soltar la máscara de oxígeno, boca abierta, ponerse en posición de bloqueo, ¿o qué se supone que yo deba de hacer? ¿Decirle a alguien? ¿Gritar por ayuda? Sin embargo, creo que no puedo moverme. En lugar de que un millón de pensamientos estúpidos estén dando vuelta en mi cabeza, por ejemplo, ¿cómo es posible que yo le vaya a decir a mi mamá que he perdido a Maddie? ¿Por qué debo de tener a una pequeña hermana que es completamente aburrida? ¿Cómo es que siempre tengo que jugar el papel del ángel guardián? ¡Yo nunca pedí tener este trabajo!