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"No robé el software", dice él.

"Sólo quería que supieras eso". No sabía lo mal que me iba a sentir al escuchar esas palabras.

Creo en él.

"Aquí viene la parte fea", continúa Río, "Catalina fue quien la robó, me eché la culpa porque fui la última persona en usar la computadora y todos sabían que yo de verdad quería tener una computadora como esa. Y eso fue lo que pasó. Todos pensar que había sido yo". Río habla acongojado, como si estuviera bastante avergonzado.

"El asunto está así; si le digo a todos que fue Catalina quien lo robó, ella lo hubiera negado. De todas maneras que nadie me hubiera creído. Pero si no hubiera dicho nada, Catalina me dijo que ella hubiera hecho algo para dejarme fuera de este problema. Que fue lo que ella dijo".
Muy despacio Río se vuelve hacia mí, me da la cara, lo que me hace creer que para él está será la cosa más valiente que él ha hecho. Su rostro se ve muy triste, mucho más triste que de lo que yo lo pude haber tenido. Ya que fui una de las personas que no creyó en él, "Río, lo siento..." Dije, pero el sólo movió su cabeza.