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El problema con Maddie es que ella me sigue en cada esquiva que yo estoy de la casa. No hay lugar en donde pueda estar sin ella. Maddie ha estado en consulta con el doctor y con el terapista pero nada ha cambiado. Aún no habla con nosotros. Cuando entro a su habitación siento como si ahí estuviera algo muy pesado, algo que está lleno de las palabras que ella no puede decir.
Y también, por supuesto, está Río. No he olvidado lo que vi en su computadora: el mismo diseño del software que alguien robó de la escuela. En realidad, por ahora, he dejado este problema a un lado, porque la verdad es, en este momento no puedo lidiar con él. Lo que hace esto ser complicado es que a todos, no sólo a mí, si no a Paulie, Mónica y a Catalina, depender de él, mientras él logra que Bella sea como una gata. Con cada fuerte reunión con el señor Jaworosky, es Río quien es el primero en preocuparse y el único en pensar otra manera de hacer que ella hable. Se que él quiere a Maddie y todo esto a lo mejor será por ella y no por mí, pero de una cosa sí estoy segura: cada vez que él me mira, envía un mensaje a mi cerebro diciéndome que todo esto no lo podría yo hacer sin la ayuda de él.

Entonces cuando me bajo del bus los jueves, después de ver a mis amigos (incluyendo a Catalina) todos los días, por una semana, se siente extraño estar sola. Extraño ser la única en insistir ser de esta manera.
En mi mochila está el prototipo -así es como el señor Jaworosky le dice al nuevo diseño e improvisada Bella- y hoy iré a darle esto a Maddie y ver qué pasará. Creo que todos desearán estar conmigo, pero no puedo arriesgarme a estar en el bullicio de tanto espectador. Esto es algo que Maddie y yo tenemos que hacer por nosotras mismas.