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Me vuelvo hacia Río, quien tranquilamente me está viendo mientas tiene sus cejas hacia arriba.

"Parecías ausente," dice él. "Creí que nosotros podríamos necesitar una pequeña ayuda.”

Y probablemente estaba pensando que no estaría de más tener unas cuantas personas en medio de Catalina y yo. Bueno, a lo mejor él tenga razón, la cosa es que no me gusta la idea de estar contando mis problemas delante de más gente.

Por un minuto nadie se mueve. Todos nos estamos viendo de reojo unos a otros al tratar de decidir qué hacer a continuación. Debemos de tener una de esas escenas congeladas en un museo de historia natural.

De todas las personas, es Mónica, quien nos comienza a poner de nuevo en movimiento.
Se cepilla por Paulo, toma mi mano, y se sienta en la mesa de café de Río y Catalina.

"Entonces Maddie no está hablando”, dice Mónica. "Dinos qué es lo que está pasando.”

No estoy acostumbrada a poner a Mónica a cargo. Las gafas con marcos de alambre rojo y lentes oscuros que ocultan sus ojos que han desaparecido y el pelo claro que por lo general está amarrado en una apretada cola de caballo.