Página 114

Tabla de contenidos

Busco mi almohada y la sostengo apretada. Mito al alrededor de mi habitación, con la esperanza, ya sea de distraerme o de tener inspiración, pero no hay ninguna posibilidad real de que alguna de estas dos posibilidades sucedan. Hay imágenes de gatitos en las paredes y una pila de libros de Magic Tree House bajo la cama. En otras palabras, en la habitación hay miles de cosas, como si el dormitorio perteneciera a un niño. Ninguna de ellas pertenece más a mí.

En tiempos más tranquilos - tal vez como ayer - iría a mi computadora a diseñar la habitación de mis sueños. La cama estaría pegada a la pared y por debajo del nivel de la ventana. De alguna manera, habría una alfombra mullida a un lado para saludar a mis pies por la mañana. Vendría con la combinación perfecta de colores; como el cielo azul para el techo y la hierba verde para el piso. Pondría además carteles en las paredes. Habría sólo una regla: de ninguna manera se permiten gatitos. Esas fotos irían donde Maddie.

Aquí es cuando me acuerdo de que hay una persona que no se ha ido de mi lista de problemas. Maddie quien no fue hoy a la escuela.

Estoy en la puerta de su habitación. Sus cobijas están a la orilla de la cama. Hay una pequeña pila de libros en la mesa de noche - desde aquí puedo verlos, son libros de cuentos para niños; Spot y Winnie Pooh - y en el piso hay un montón de camisetas y faldas y lycras que no las ha llevado a lavar. Pero no Maddie.