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Esto parece ocurrir dentro de mi familia. Hay una historia que yo cuento cuando mi papá y mamá invitan a sus amigos para la cena, entonces si puedo verlos a ellos enrojecerse y haciéndose un nudo. Una noche, cuando Río y yo teníamos 10 años, pusimos la alarma de nuestros relojes para que nos despertara a la media noche y así reunirnos en el camino cerca de nuestras casas. Y por lo que quedaba de la noche intercambiamos casas. Río durmió en mi casa y yo dormí en la de él y probablamente ambos anduvimos alrededor de los guarda ropas y cabetas de los demás. En la mañana bajé para desayunar a la cocina equivocada donde me encontré con la Sra. Walker, la mamá de Río haciendo panqueques. Cuando ella me vió, sacó el jarabe de fresa que es mi favorito y tenía toda la intención de dármelo antes de que yo me terminara de comer mi primer panqueque. En mi casa, Río durmió hasta tarde. Mi mamé le llevó sus cosas dentro a mi cuarto y dijo. “Cariño, es hora de levantarse.” Mi madre nunca me echa de menos hasta que la Señora Walker la llame y le pida que ambos regresemos de vuelta.

Entonces creo que no es sorprendente para papá y mamá permitir que Maddie en sus primeros 6 años se fuera solita sin el cuidado de nadie, dándose cuenta de que ella es bien diferente a los demás niños. Como a sus 3 años Maddie le gustaba aprender alrededor de 100 palabras por minute, en casa y solo con nosotros. Como ellos no le dijeron a Maddie que no hablara con extraños, ella no podría ni siquiera hablar con sus amigos. Como, a sus 6 años, Maddie tiene temor de iniciar la escuela si eso va mas allá de lo normal.