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Mónica se encoge de hombros y toma un lapicero. Escribe unas pocas palabras con una escritura impecable. Estoy a punto de explotar, cuando en eso me da la carta y señala a Río.

Río está sentado cerca de la ventana y muy feliz. Aparentemente sí pudo tomar el bus a tiempo. "¿No hay preocupaciones en su cabeza, Señor Walker?" Murmuro en voz baja. Abro la carta de Mónica.

¡Buenas noticias! ¡Río no es culpable!

Veo a Mónica. Su cara está más grande que del tamaño de la de Julia Roberts, su sonrisa es tal que puede mostrar todos sus dientes. ¿Río no es culpable? No lo entiendo. Estoy confundida. ¿Qué?
Mónica, impaciente busca de nuevo el lapicero y me envía otra carta.

¡Mensa! ¡Que no es culpable de haber robado el software! ¡Él lo probó!